El poder de crear

El otro día estaba imprimiendo un objeto y, mientras esperaba a que la impresora 3D hiciera su trabajo, me dio por pensar en lo fácil y accesible que se ha convertido la labor de crear algo de la nada. En poco menos de 4 horas pasé de una pantalla de ordenador en blanco a un modelo 3D y, finalmente, a un objeto físico.

De hecho, si hace una década alguien hubiera apostado a que, a día de hoy, con un software de diseño 3D con licencia libre y un aparato de 500€ podrías tener casi cualquier objeto de plástico que quisiera en unas pocas horas, cualquier lo habría tachado de loco.

Y no es para menos. Porque, por mucho que lea o esté al tanto, cada vez me sorprende más el ritmo vertiginoso al que avanza la tecnología. A veces, incluso, da hasta miedo.

Al mismo tiempo que pensaba sobre esto, me inundaba una especie de sensación de “poder” por el simple hecho de que, a día de hoy, muchas de las ideas que hace tan solo una década veíamos inaccesibles se han vuelto una realidad palpable para gran parte de la población.

He puesto el caso de la impresión 3D pues, para mí, es el principal ejemplo de cómo la fabricación ha traspasado las fronteras de la industria para llegar a nuestra casa. Pero, perfectamente, podría haber puesto ejemplos en sectores como la creación de contenidos o la programación de aplicaciones, campos que también los tengo presentes en mi día a día.

Me encanta decir que vivimos en una etapa de democratización de la tecnología. Una etapa en la que, gracias a Internet y el auge de la cultura maker (entre otros factores), crear se ha convertido en algo al alcance de muchas personas. Personas que, pese a tener talento e invertir horas y horas, antes se veían lastrados por las barreras de la tecnología o los medios de comunicación.

Ahora, desde casa, cualquier persona puede crear y tener la libertad de compartir o no su creación con el mundo gracias a Internet. Y esto es algo que realmente me ilusiona mucho cada que vez que esta idea ronda mi cabeza. Porque, en este nuevo cambio de paradigma, hemos pasado de ser simples espectadores a ser protagonistas en esta película. De, incluso, crear para otros a dar rienda suelta a nuestra capacidad para desarrollar nuevas ideas y proyectos.

Quizás, en estos momentos y tras haber llegado a este punto del artículo, puedas decir que soy demasiado idealista. O que trato de exagerar una generación y un movimiento que, aunque existente, no es tan significativo. Pero, para mí, el proceso de crear ha desembocado en nuevas formas de negocio y nuevos estilos de vida que antes ni se intuían como modelos reales de vida (o que se habían perdido).

En cierto modo, se ha recuperado la filosofía de emprender en un garaje con algún proyecto tecnológico. Esa filosofía que hace unas décadas comenzó con compañías como Apple. Al mismo tiempo, miles de creadores de contenido o programadores web están creando un nuevo estilo de vida a través de sus trabajos, utilizando solamente un ordenador con conexión a Internet como herramienta.

Todas estas corrientes de trabajo tienen algo en común: en prácticamente todas ellas existe un proceso creativo de por medio. Desde lanzar una aplicación hasta escribir una novela, pasando por crear un nuevo prototipo con tu impresora 3D, todas estas son labores creativas que en cierto modo se han ido redefiniendo con el paso de los años y la ayuda de nuevas herramientas que han sido el motor para su democratización.

Porque, siendo honestos, crear, emprender y encontrar un balance entre vida-trabajo son tres conceptos que van muy unidos.

Hace bastante tiempo deseché una idea que tenía muchas ganas de lanzar por no saber (ni querer) aprender a programar. Poco más tarde encontré ese idea hecha realidad, aunque siendo sinceros no se si seguirá en activo o no. Lo importante es que, por una barrera creativa que yo mismo me puse, olvidé algo que me motivaba lanzar.

Ahora, sabiendo diseñar en 3D, escribir contenido y programar, siento que tengo esa especie de “poder creativo” que te he ido comentado a lo largo de este post. Siento que, si tengo una idea, tengo las herramientas para hacerla realidad y solo cuento con mi capacidad para emprender y mi resiliencia como únicos limitantes en el camino.

Ya sea por emprender o simplemente por el hecho de disfrutar materializando algo de la nada, no dejes nunca de crear. Porque, al fin y al cabo, todos nosotros tenemos algo en común: crear es lo que realmente nos hace sentirnos vivos.

Photo credits Sherman Yang