Decisiones

Siempre me he considerado una persona bastante autodidacta.

Pese a que este es mi sexto año de universidad, comencé la carrera aprendiendo marketing online por mi cuenta. Más tarde me pasé al diseño web, después a la programación y, en estos últimos meses, al campo de la inteligencia artificial.

En estos estos campos he tratado de ser autodidacta y, de hecho, en más de una ocasión he sido muy crítico con el sistema educativo y la forma de enseñar en la universidad. Hasta el punto de cuestionar la decisión que, en su día, tomé para ir a Valencia a estudiar la carrera de ingeniería industrial. De hecho, llegué a pensar que estaba perdiendo gran parte de mi vida estudiando en lugar de emprendiendo y aprendiendo de forma autodidacta.

En el momento en que escribo estas líneas estoy a pocos días de comenzar un nuevo proyecto muy relacionado con la ingeniería. Una de estas ideas en los que hay que diseñar y fabricar y que aspira a llegar al espacio (literalmente, pero esto os lo contaré en unas semanas). Un proyecto que me hace muchísima ilusión y que, de no haber seguido en la universidad, seguramente nunca hubiera creado.

Creo que es indudable que las decisiones que tomamos están directamente relacionadas con las oportunidades que surgen (y que creamos) a lo largo de la vida.

Al nacer, tenemos una especie de hoja en blanco en la cual ir anotando todas las decisiones que vamos a tomar a lo largo de nuestra vida. Durante nuestros primeros años, estas decisiones son escritas en su mayoría por nuestros padres y familiares más cercanos. Cuando sumamos años, nuestra capacidad para tomar decisiones crece a la par que nosotros.

Pasamos de decidir qué regalo queremos en Navidad al grupo de amigos en el que más encajamos. Más tarde, si realmente queremos seguir estudiando o lanzarnos al mercado laboral. Después, en función de la persona, vendrán decisiones relacionadas con el empleo en el que trabajaremos o el estilo de vida que querremos llevar.

Nuestra vida se basa en una sucesión de decisiones que nos van guiando hacia un camino u otro.

Sin embargo, párate un segundo a pensar: ¿cuántas de esas decisiones las has tomado realmente tú? ¿en qué casos el miedo a hacer algo venció a las ganas de hacer ese algo? ¿tomaste esas decisiones pensando en ti o en las personas que te rodean?

Muchas de las decisiones que tomamos en nuestra vida lo hacemos para contentar a las personas que nos rodean (padres, hermanos, amigos, etcétera). Otras muchas veces tomamos la decisión más sencilla en lugar de la más arriesgada por desconfiar en nosotros mismos, tener miedo de la incertidumbre o a salir de la zona de confort. Preferimos escoger la vida que otros han diseñado para nosotros antes que lanzarnos al vacío a perseguir nuestros sueños.

Porque, al fin y al cabo, es muy bonito definir cuál es tu vida ideal. Pero muy difícil coger las riendas de tu vida y tener el valor para escoger las decisiones que quieres tomar en cada momento. Tomar decisiones y ser fiel a ti mismo, en determinando momentos de tu vida, acojona. Y mucho.

Da miedo enfrentarse a la incertidumbre de tomar grandes decisiones en tu vida y no saber si lo que te espera es realmente mejor de lo que ya tienes ahora. Da miedo defraudar (a nosotros y a los demás). Y, lo peor de todo, da miedo tratar de convertirse en la mejor versión de uno mismo. Tenemos pánico a equivocarnos en decisiones que nos saquen de nuestra zona de confort.

Y, sin embargo, no nos asusta lo más mínimo vivir la vida que otros quieren para nosotros. No nos da miedo no ser nosotros mismos. Paradójico, ¿verdad?

Pero todo esto es parte del juego.

Y el juego comienza por pensar en qué harías si el fracaso al tomar una decisión no existiera. O qué estarías ahora mismo haciendo si en absoluto me importara lo que los demás piensan de mí.

Hace unos años tuve la oportunidad de dejar la carrera e irme a Barcelona a crear un nuevo proyecto con unos amigos. Ese proyecto a día de hoy se ha convertido en un referente en el ámbito de la tecnología y, solo el miedo a arriesgarme y a defraudar a mis familiares, me hizo tomar la decisión de seguir con la carrera. Sin embargo, de haber tomado ese camino, ahora tampoco estaría empezando proyectos que me apasionan. Así que sé de qué te hablo.

En muchas ocasiones me he cuestionado por qué seguir estudiando en lugar de emprender. En otras, porque no centrarme en tener un trabajo seguro en lugar de en crear proyectos nuevos. He tomado decisiones que me han funcionado y otras que han fracasado completamente. En ocasiones he sido egoísta y en otras he dado un paso adelante por la influencia de otras personas pese a saber que era un error.

¿Qué sucedería si hubiera tomado una decisión en lugar de otra? ¿En qué punto de mi vida me encontraría ahora mismo? ¿Cómo influyen las personas que me rodean en las decisiones que tengo que tomar? Todas estas son preguntas que, inevitablemente, nos vamos haciendo a lo largo de nuestra vida.

Párate un segundo a pensar dónde te encuentras ahora mismo y si, todas las decisiones que has tomado a lo largo de tu vida, han servido para acercarte al lugar donde querías estar. A ser tú mismo.

De lo contrario, empieza a formar parte del juego desde ya. Antes de que, cuando quieras levantarte, sea demasiado tarde.

Oliver Roos