Crear tu propia corriente

Hace unos meses hablaba con uno de mis mejores amigos acerca de cómo hemos cambiado a lo largo de la universidad y qué caminos han tomado otras personas que, en su día, fueron a clase con nosotros. De esta conversación surgió una frase que me encantó:

“Hay personas que se dejan llevar por la corriente y otras que crean su propia corriente.”

Estuve durante unas horas dándole vueltas a la cabeza sobre cómo tomamos decisiones importantes influidos por nuestro entorno y de ahí surgieron unas cuantas ideas para escribir este post. Así que, allá vamos.

Imagina las vías del tren. Imagina que partes de una estación y comienzas a recorrer el camino marcado por estas vías. Es posible que, durante el trayecto, te encuentres con algún que otro problema: quizás te quedes sin combustible o tal vez tengas que reparar algunas de las piezas del tren. Sin embargo, pese a estos percances, si hay algo que sabes con certeza es que dentro de unas horas, o días o tal vez semanas, llegarás a tu destino.

Muchas personas son como un tren. Siguen un camino prefijado, marcado por la sociedad, pues saben a ciencia cierta que esas vías le llevarán siempre a un destino. Quizás no conozcan el destino, pero prefieren seguir las vías del tren antes que desviarse y explorar nuevos caminos. Porque, al fin y al cabo, es más fácil seguir el camino marcado por otros que adentrarte en lo desconocido.

Pero, ¿qué sucedería si, al llegar a la última estación, descubres que aquel camino que recorrías no te lleva al destino donde querías estar?

Sucede que muchas personas siguen el camino marcado por la sociedad. Estudiar “lo que sea” pero que tenga salidas. Vivir en un nine-to-five job durante 40 años de tu vida. Optar a ese coche que ves en la televisión, hipotecarte por esa casa donde podrás forjar una familia feliz y jubilarte esperando que ahí comience una mejor vida. Esa es la corriente que la gran mayoría de las personas seguimos desde que tenemos consciencia de nuestros actos y decisiones. Y me incluyo, pues en parte entré a la universidad atraído por un buen sueldo y una vida estable. Una vida corriente. En ese momento no conocía otra salida, ni imaginaba que el tren podía desviarse de las vías excepto que me tocara la lotería o tuviera una iluminación y me convirtiera fuera futbolista, actor o cantante.

Ahora que estoy en mis últimos momentos en la universidad, empiezo a relacionar algunas de las frases que me he ido encontrando a lo largo de estos años. Personas que se metieron en unos estudios porque la nota no les alcanzaba para estudiar lo que les gustaba. Compañeros que, a punto de finalizar, sólo buscan “colocarse” en el primer jodido empleo que encuentren o amigos que, cueste lo que cueste, quieren encontrar un trabajo “de lo suyo”, lo que quiera que signifique esa expresión, sin importar si realmente son felices o no.

Siempre estaré eternamente agradecido al mundo del blogging. Ese momento en el que, con 18 años, comencé a escribir supuso un impacto en mi vida. Y parecerá un absurdo lo que estoy diciendo, pero escribir me hizo darme cuenta que existía un camino distinto a seguir las vías del tren. Me hizo darme cuenta de que era posible crear mi propia corriente.

Ese camino, para mí, significaba escribir, lanzar nuevos proyectos y emprender nuevos retos y aventuras. Crear algo con sentido. Quizás en 10 años, por circunstancias de la vida, este siguiendo ese puto camino que otro ha recorrido por mí. Quizás pueda sentir que estoy viviendo la vida de otro. Pero habiendo recorrido ambos caminos, ahora comprendo que aprender a conocerse a uno mismo es fundamental para saber en qué tipo de persona te quieres convertir. Y este es el primer paso para comenzar a crear tu propia corriente. Para dejar de influenciarte por las opiniones de tu entorno. En resumen, para ser y vivir diferente. Es posible que ahora te encuentres atascado, yo también lo he estado, lo estoy y lo estaré, pero tener en mente hacia dónde quieres llegar y qué te motiva a levantarte cada mañana es la mejor herramienta para comenzar a crear tu propia corriente.

Y si finalmente decides salir de las vías del tren, recuerda que el nuevo camino no será fácil. Recuerda que encontrar tu pasión, o lo que sea que estás buscando, tiene sus momentos duros. Momentos en los que sólo querrás rendirte, dar media vuelta y sumergirte de nuevo en la corriente de otro. Ante todo, recuerda que nadie llega a la cima de la montaña sin antes escalar por el escarpado terreno. Encontrar mi pasión, intentar desviarme del camino, ha llegado a desesperarme. He creído, en ocasiones, que no valía para lo que estaba haciendo. He dejado, por momentos, de creer en mí. He pensado que lo mío era seguir la corriente. En ocasiones lo he pasado realmente mal, pero ahora miro el camino que llevo recorrido y aprecio todo lo que he cambiado y crecido en este tiempo. Esas personas que conoces y transmiten pasión y viven una vida con sentido también han pasado por momentos muy duros, pero al mismo tiempo mantuvieron su propósito y continuaron creyendo en ellos. Sin importarles lo que su entorno pudiera pensar.

Es curioso como las caminos que tomamos, las decisiones que realmente son importantes a la hora de condicionar nuestro futuro, están muy influidas por las personas que tenemos a nuestro alrededor y la huella que queremos dejar en ellos. Una vez escuché que gran parte de las decisiones que tomamos y los trabajamos que desempeñamos parten de la motivación de querer que nuestros padres se sientan orgullosos de quiénes somos y de lo que hacemos. Y no le quito parte de razón. Escucha a los demás, valora lo que dice tu entorno, pero reconoce que tú eres la persona más importante en tu vida y que, sea cual sea el camino que tomes, las personas que te rodean lo aceptarán. Y aceptarán, también, que ese camino es el que más feliz y libre te hace, pese a no ser la vida que otros habían proyectado para ti.

Si algo quiero que extraigas de esto, es que tengas siempre en mente quién eres y en quién quieres convertirte. Las herramientas para construir las nuevas vías por las que circulará tu tren las encontrarás durante el camino.

Desde pequeño he tenido un gran respeto por los ríos y el mar. Y, sin embargo, me faltan dedos de las manos para contar las veces que me he dejado llevar por la corriente.

Con el paso del tiempo empiezo a creer en mis propias decisiones y siento que, por fin, estoy creando el cauce por el que circulará mi propia corriente.

Y tú, ¿sigues la corriente de creada por otros o creas la tuya?

Nos leemos en los comentarios.

Alex.

Photo credits: Florian van Duyn